La enumeración narrativa y poética

Enumeración: Figura que consiste en enumerar o referir rápida y animadamente varias ideas o distintas partes de un concepto o pensamiento general.

Cuando alguien, en un momento determinado, hincha con aire los pulmones para enumerar… lo que sea, los pros y los contras de una cuestión, los defectos de Mengano o los atributos de Futano, da la impresión de que lo domina todo. Y es que la capacidad de comprender un asunto desde una óptica cenital, le da a uno, además de diversión y musicalidad al texto, cierta dosis de credibilidad.

El uso de este recurso retórico se da en literatura más de lo que uno puede imaginar. Los narradores nos pasamos la vida enumerando: adjetivos en las descripciones, acciones, hechos pasados y posibilidades futuras. No vamos a decir que narrar es enumerar, pero sí podemos afirmar que narración y enumeración son parientes muy cercanos. De hecho, “contar” algo puede referirse a hacer cuentas como a relatar cuentos.

La literatura, al final de cuentas, es una larga enumeración. El famoso catálogo de las naves del segundo canto de la Iliada enumera los pueblos que concurren a la guerra de Troya: “Los que venían de Argos… Los que venían de Micenas… Los que venían de Lacedemonia… Los que venían de Pilos…” Por casi cuatrocientos hexámetros Homero hace el recuento de asaltantes y defensores de la ciudad. ¿Pero qué otra cosa es la Iliada en sí sino la prolongada enumeración de los incidentes de esa guerra?

Fernando Vallejo

Si la música enamora a las personas porque, según algunos, es la reinterpretación del ritmo cardiaco de nuestra madre cuando estamos en su vientre antes de nacer, también podemos defender que el ritmo de la enumeración nos proporciona el mismo “reencuentro uterino” en la literatura.

Así, la enumeración es la música de la narración. Uno, nos da placer; dos, nos divierte; tres nos mece de un asunto a otro.

Hace que al protagonista de nuestra historia le gusten, uno, las lentejas; dos, el chorizo; tres, los huevos revueltos. Y que deteste, uno: la paella congelada; dos: el gazpacho en tetra-bric; tres: la naranjada hecha con polvos.

Dinamismo, esto es enumerar.

Tomamos un todo y lo diseccionamos. Qué placer. Como el del médico ante un cuerpo abierto en canal. Mira, esto es el corazón, y esto el estómago, y esto el hígado, y esto de aquí el intestino grueso, y el delgado. No es lo mismo ver un cuerpo completo sobre una mesa; la visión global ya se la forma el lector en su cabecita pensante; nosotros le damos las partes, y él se las organiza para darle forma, su forma.

Bien, puestos a diseccionar, vamos a hacer lo propio con la enumeración. La hay de varios tipos. Sí, ya sabemos que las clasificaciones las organiza el diablo para que los jóvenes suspendan en los exámenes, pero en este caso al menos, vamos a ver diferentes maneras de enumerar, más que nada, para darnos cuenta de sus posibilidades…

Apúntate al curso de escritura literaria. Abre “Contacto”, arriba, y comunícate con Xisco Fuster.

Un ejemplo de enumeración en poesía:

Gratitud

 

Gracias aroma

azul,

fogata

encelo.

Gracias pelo,

caballo

mandarino.

Gracias pudor

turquesa

embrujo

vela,

llamarada

quietud

azar

delirio.

Gracias a los racimos

a la tarde,

a la sed

al fervor

a las arrugas,

al silencio

a los senos

a la noche,

a la danza

a la lumbre

a la espesura.

Muchas gracias al humo

a los microbios,

al despertar

al cuerno

a la belleza,

a la esponja

a la duda

a la semilla,

a la sangre

a los toros

a la siesta.

Gracias por la ebriedad,

por la vagancia,

por el aire

la piel

las alamedas,

por el absurdo de hoy

y de mañana,

desazón

avidez

calma

alegría,

nostalgia

desamor

ceniza

llanto.

Gracias a lo que nace,

a lo que muere,

a las uñas

las alas

las hormigas,

los reflejos

el viento

el rompiente,

el olvido

los granos

la locura.

Muchas gracias gusano.

Gracias huevo.

Gracias fango,

sonido.

Gracias piedra.

Muchas gracias por todo.

Muchas gracias.

Oliverio Girondo,

agradecido.

pixelstats trackingpixel

La estructura de un relato

La estructura es lo que organiza, combina e interrelaciona los acontecimientos, las distintas partes del relato, para darles un determinado orden y, por lo tanto, un sentido.

La forma de contar una historia es más importante que la historia en sí misma. Realmente, poco nos queda por inventar en cuanto a argumentos. Nos interesa, sobre todo, el vehículo en el que subimos a nuestros lectores (la redacción), y cómo les enseñamos cosas que ya han visto antes (estructura). Sobre la redacción hablaremos en otro momento.

El enamoramiento entre dos personas, la casi muerte del héroe, el descubridor de tierras o de emociones… Está todo contado. Y lo curioso es que cualquiera de esas historias que ya conocemos nos vienen dadas con una estructura semejante: planteamiento, nudo y desenlace. ¡Cuántas veces lo hemos oído!

Read more »

pixelstats trackingpixel

Los diálogos en literatura

Una imagen vale más que mil palabras… ¿Mil palabras? Son quizá demasiadas para contar lo que una imagen es capaz de mostrarnos. De hecho, nos es más comprensible si nos explican la imagen con palabras en un pie de foto, porque, por buena que sea la imagen, es difícil que nos informe más que lo que nos pueden decir mil palabras.

Las palabras, enlazadas en frases y éstas en párrafos, son de una elasticidad sorprendente. Tanto, que, a partir de una imagen, cualquier escritor puede elaborar un texto con cien mil palabras, e incluso más, considerando la imagen, de esta manera, como un mero punto de partida.

No obstante, no se puede negar el poder de sugestión de la imagen, sobre todo si se compara con un texto demasiado explícito. Esto no quiere decir que la comunicación escrita no pueda sugerir al lector, además de mil imágenes, otros tantos sentimientos y, además, pensamientos. En esto consiste aprender a ser escritor, en expresarse con claridad, en comunicar al lector un mundo de sensaciones que ni una sola imagen puede igualar, dado que una fotografía puede sugerirnos belleza, afectación, asco o amor, pero “nunca” en diferentes tiempos.

Read more »

pixelstats trackingpixel

O las musas de Miguel de Cervantes

Cuando Miguel de Cervantes terminó de escribir la primera parte de El Quijote, reconoció en su prólogo que las musas le habían sido propicias a pesar de las adversas circunstancias en que había engendrado la historia de don Alonso Quijano. Pero quiso expresar dicho reconocimiento con una ironía disfrazada de modestia, disculpándose ante los lectores por haber concebido “un hijo feo y sin gracia alguna” y achacando este hecho a dos razones: La primera, la imposibilidad de contravenir el orden natural, según el cual “cada cosa engendra su semejante”; y la segunda, las condiciones tan poco propicias para que las musas se hicieran presentes durante la gestación de su obra, en una incómoda y ruidosa prisión.

Read more »

pixelstats trackingpixel

Consejos de escritor a escritor

Roberto Bolaño enumeró doce consejos para ayudar a los que desean escribir un cuento. Lejos de conseguir hacer reír a cuatro intelectuales, consiguió, al menos en un blog que acabo de leer, más de una treintena de comentarios menospreciando el texto del escritor chileno por considerarlo una burla. Los consejos, que en realidad no son doce, sino dos o tres, son los siguientes:

1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

Read more »

pixelstats trackingpixel

Dansette