Consejos de escritor a escritor

Roberto Bolaño enumeró doce consejos para ayudar a los que desean escribir un cuento. Lejos de conseguir hacer reír a cuatro intelectuales, consiguió, al menos en un blog que acabo de leer, más de una treintena de comentarios menospreciando el texto del escritor chileno por considerarlo una burla. Los consejos, que en realidad no son doce, sino dos o tres, son los siguientes:

1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

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Aprender a escribir VI

La inspiración

Una cosa es el talento y otra la inspiración. Podemos hablar del talento en otro momento, para demostrar que la mayoría de las personas, si se empeña, puede lograr un nivel muy maduro en todo aquello que se proponga, como la escritura, tal es el caso que nos ocupa. Sin embargo, vamos a desmitificar esto de la inspiración. Es que, es que… decimos, y ya la estamos fastidiando, es que el otro día se me ocurrió una cosa buenísima, y la he olvidado.

El olvido y la pereza, son hermanos. Sus hijos bastardos son la incompetencia y la frustración.

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Aprender a escribir V

La carpintería de los escritos

Reproduzco este vídeo con parte de una entrevista al escritor premiado con un Nobel en 1982 Gabriel García Márquez que contiene apreciaciones que defienden que escribir es un oficio y que, como tal, puede aprenderse.

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Aprender a escribir IV


El narrador

No nos confundamos, una cosa es el autor y otra el narrador. Claro que pueden ser el mismo, pero en literatura no es lo que suele suceder. El autor pone en boca de alguien, más o menos omnipresente, la narración de una historia.

Claro que hay personas que nacen con el don de contar cuentos con una facilidad pasmosa, como es el caso de Stevenson, autor de La isla del Tesoro o de El extraño caso del doctor Jeckyl y Mr. Hyde, quien era llamado Tusitala por los habitantes de Samoa, adonde se retiró (al estilo Gaugin cuando se marchó a morir a la Polinesia Francesa). Tusitala significa contador de cuentos.

En el Quijote, primera novela contemporánea, aparece también el narrador de cuentos ante un grupo de cabreros. Y es que la tradición oral ha sido, hasta hace unos siglos, la única forma de comunicar historias. Desde que aparecieron los libros, los cuentos orales quizá hayan quedado relegados al chismorreo y a la prensa amarilla, o a la narración infantil dirigida a nuestros hijos antes de conciliar el sueño, o…; por ello hay que ir alerta con esos “géneros narrativos”. Read more »

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Aprender a escribir III


Romper las formas

Ya sabemos que los textos que nos cuentan una historia están perfectamente organizados. Lo ideal cosiste en que el lector no se dé cuenta de ello. Sobre todo cuando nos dedicamos a contar la historia sin seguir el proceso del planteamiento, nudo y desenlace. Si rompemos las formas, dónde colocaremos el punto crucial de nuestra histoia, es decir, el nudo de trama.

Hartos de topar siempre con las mismas estructuras, nos da por jugar con ellas. Bien. Pero cuidado con las virguerías que sólo vais a entender vosotros.

En realidad hay dos formas de enfocar la dramaturgia. La primera es considerarla como una ciencia que se basa en una serie de fórmulas y gestos calculados, extraídos de una larga tradición que se remonta a la tragedia griega. La segunda, es tratar de buscar de alguna manera una estructura que refleje la psicología que se intente describir, una estructura que haga referencia directa al modo en que la mente absorbe, percibe y procesa la información, las relaciones humanas, los sentimientos.

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Dansette